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Como si de un ejército victorioso se tratara, el  pueblo de Madrid recibía entre abrazos y consignas como “Madrid obrero está con los mineros”, y tras varias semanas sobre el duro y ardiente asfalto de las carreteras españolas, a tres columnas compuestas por unos 200 mineros del carbón procedentes de Aragón, Asturias, León y Puerto Llano. <br />
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Esta decidida y larga marcha es la más reciente esperanza de muchos ciudadanos que se han volcado con estos trabajadores del carbón por su valentía y decisión a la hora de defender sus derechos, inédita en unos últimos años en los que la resignada aceptación de la realidad parecía campar a sus anchas. <br />
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Simplemente reconocen el derecho a defender que sean cumplidas unas promesas hechas por unos políticos en su día y que, una vez más, han vuelto a ser incumplidas, como las de tantos otros hombres y mujeres que se han visto así identificados con la causa minera. <br />
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Por este motivo, la “marcha negra” ha sido recibida con los brazos abiertos y la generosidad inherente al pueblo en cada población donde han recalado, y que tras agotadoras jornadas culminó el 11 de julio en la capital española para protestar por sus calles y ante la sede del Ministerio de Industria por la drástica reducción en un 63% de las subvenciones a la minería para este año, lo que prácticamente la condena. <br />
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Exhaustos y emocionados, los trabajadores del carbón han recibido besos y sinceros abrazos de una multitud que solo quería tocarlos y aclamarlos cual héroes. Guadalajara ha sido una de las provincias que la marcha del carbón ha atravesado camino de Madrid, y donde los mineros han sido bienvenidos con cálidas muestras de solidaridad y refugios donde reponer fuerzas y aplacar el hambre, la sed y el cansancio.